El secreto de sus ojos … (sólo para los que hayan visto la película)

14 11 2009

Unas cuantas ideas acerca de esta maravillosa película argentina.

—–entrada original  28.10.2009—— actualizado 14.11.2009—

El secreto de sus ojos - cartelSinopsis:
Benjamín Expósito, oficial de juzgado recién jubilado, escribe una novela sobre un caso que le tiene obsesionado desde hace 25 años: una mujer fue violada y asesinada y su asesino confeso desapareció sin dejar rastro. El reencuentro con esa historia le hace revivir el amor por su compañera de despacho, que nunca tuvo el valor de declararle.

Con “A” de “Amor”

A la máquina de escribir de Expósito no le funciona la “a”. Benjamín tiene que repasar sus documentos y añadirles esa letra a mano. Esa carencia simboliza la pequeña gran diferencia que hay en su vida entre “Temo” y “Te amo”; entre “Temo que sepas que te amo” y “Te amo y quiero que lo sepas”. Su máquina de escribir, y su existencia, están mutiladas por la imposibilidad de componer las palabras correctas que le permitan confesarle su amor a su compañera de despacho. Porque a menudo es más fácil amar que decirlo.

Es sólo al final de la película, cuando es consciente de que, si sigue escribiendo los renglones de su vida con esa Olivetti, nunca podrá incluir esa “a” que cambie su destino y que sólo si utiliza su propia mano, su propia voluntad, podrá decirle lo que siente por ella desde hace tantos años.

Benjamín Expósito y la Srta. Menéndez Hastings

Benjamín está perdidamente enamorado de Irene, pero no es capaz de verbalizarlo. La razón es la inferioridad que siente ante ella. Él es un gris ratón de despacho, mientras que ella es una princesa inteligente y decidida. Sus apellidos lo dicen todo: él es un “expósito”, esto es, un niño abandonado, mientras que los apellidos de ella denotan clase y lujo. “Hastings… pronúnciese “heistings”, es que es de origen escocés…” ¿Cómo va un Expósito a declarar su amor a Lady Aristocracia?

La escena final

La escena final de la película nos remite, no a una cárcel, sino a un zoológico abandonado. El que está detrás de los barrotes es un animal salvaje que ha sido doblegado ante la evidencia de que nunca podrá salir de su jaula.
Esta sublime escena tiene una misión evidente: cierra la trama policíaca del filme. Se resuelve el misterio del paradero del asesino en una escena en la que el verdugo es víctima, la víctima es verdugo y el oficial del juzgado se convierte en “juez de guardia” para decidir sobre el futuro del preso “in situ”.
Pero también es el desencadenante de la reacción de Benjamín que, al convertirse fugazmente en juez, puede superar esa inferioridad que siente ante Irene y se permite a sí mismo decirle lo que siente.

———— actualizado 14.11.2009—————-[gracias Suzanne por la invitación y a Vicent por no llegar tarde 😉 ]

Juan José Campanella – Un Director

En este tercer pase (sí, sí, ya he visto 3 veces la película…), he intentado centrar más mi atención en el trabajo del director y en la factura técnica de toda la película.

Soy de los que piensa que un director de cine debe ser como los buenos árbitros de fútbol. No se debe hacer notar en el partido. En principio, no me gusta que alguien me coja de las solapas y me grite “eh, que estoy aquí y soy el jefe de todo esto”. No es que no me agraden Almodóvar, Scott, Kubrick, pero prefiero a “los Invisibles”. Una gran película es aquella en la que ningún elemento destaca por encima de otro, incluido el director. Todo es tan redondo que no se le pueden encontrar aristas, ni positivas, ni negativas.

Ya sospechaba que el trabajo del director aquí era excepcional, porque nada me había distraído de lo más importante siempre en el cine: la historia. Ningún plano contrapicado absurdo, ningún travelling efectista. Todo, absolutamente todo, está al servicio de la historia. Unas veces Campanella acaricia a los actores con su cámara, les apoya con esos continuos primeros planos en los que los ojos son los verdaderos protagonistas. En otros casos, como en la “escena del zoo” se planta delante de todos y rueda sin interferir, como un testigo más.

El secreto de sus ojos, los de Campanella, es que esos planos con fuertes desenfoques, con una profundidad de campo muy pequeña, esos encuadres que obligan a mirar de punta a punta de la pantalla, esos contraplanos, en los que incluso los actores llegan a taparse los unos a los otros, como avisándonos de que se ocultan secretos; todos esos recursos son soluciones técnicas para entender mejor lo que está pasando y, sobre todo, para no distraernos.

La fotografía se basa en una luz tenue, pero muy cálida, como de lamparita de leer por la noche, en un grano precioso, más grueso en los recuerdos que en el presente, y en unos colores que se van desvaneciendo a lo largo del film, para acabar en la escena de Expósito y Morales, prácticamente apagados, en blanco y negro.

Pregunta: ¿qué descubriré en el cuarto pase?

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