La española cuando suena…

24 11 2009

El sábado pasado estuve en un recital de guitarra clásica. Fui acompañado de dos amigos. Raúl y Virginie, una lemosina (de Limoges) que toca la guitarra. No la he escuchado todavía, pero por la forma en que acariciaba el programa de mano, seguro que toca como los ángeles.

Durante el concierto me vinieron a la cabeza varias reflexiones acerca de este ingenio musical.

La guitarra siempre ha sido un instrumento muy popular en España. De hecho, a la versión “noble” se le llama “guitarra española”. Pero me da la impresión de que esa popularidad está cediendo ante el empuje de instrumentos más modernos, electrónicos, con más … botoncitos.

Hace años, la guitarra era un elemento que no podía faltar en ninguna fiesta y el que la tocaba tenía asegurada, al menos, la atención de las chicas del guateque. Además, sus femeninas formas en manos de un guitarrista con buen ritmo eran un espejo en el que se miraban las chicas más pintureras.

En la época de la Transición española, este instrumento supo navegar entre dos aguas (la madera, ya sabemos, flota) y consiguió lo que ni el mismísimo Rey Juan Carlos pudo obtener: el respeto de la izquierda y la derecha de este país.

Sí, porque la guitarra fue el instrumento por excelencia de los cantautores, de la Nova Cançó, de la canción-protesta. Detrás de su sensual cuerpo de madera, esos barbudos con jerseys de cuello cisne y chaquetas de pana cantaban a la libertad, a la amnistía de los presos políticos, a las autonomías y hasta a las mujeres. Paco Ibáñez, Raimón, Labordeta, e incluso Aute o Serrat, se aferraban a sus guitarras como el que se agarra a un madero en pleno naufragio o se parapetaban detrás de ella intentando que los grises no se hubieran quedado con su cara para las carreras de después del concierto.

Pero por el otro lado del espectro político, por entonces mucho más amplio que ahora, por cierto, la guitarra también era considerado un instrumento “de orden”, fundamentalmente relacionado con la Iglesia. En las catequésis, en los encuentros de jóvenes confirmandos, en las excursiones del “Club Dardo”, en las misas, no podían faltar las vibraciones vigorizantes de la guitarra, aunque, por supuesto, las temáticas fueran diferentes a las de los desharrapados ateos de la izquierda.

Sin embargo, todo eso ya pasó y con ello también la época triunfante de nuestra querida guitarra. Ya no se ven adolescentes con esa voluminosa funda de cuadros que señalizaba su presencia. También los artistas callejeros, que antes la utilizaban para compensarnos por desearnos la muerte al no haber dejado ni un duro en su sombrero, también ellos parecen haberla dejado de lado y se han pasado al negocio de hacer la estatua o, más rentable todavía, vender pañuelos en los semáforos.

La guitarra española, no nos engañemos, adolece del mismo problema que las corridas o la paella: es “demasiado” español. Un “do” es un “do”, en español o en alemán; las notas no tienen nacionalidad y con ellas se puede componer una polonesa o una zarda húngara, de acuerdo. Pero si las tocas en una guitarra, te va a sonar a pasodoble. Y eso la limita. Es como si pusieras a Antonio Resines a hacer de Lord Byron. Pues no te lo crees. A la guitarra le pasa lo mismo. Está encasillada.

Por suerte, “actores” como Narciso Yepes o Andrés Segovia consiguieron para la guitarra el “Óscar a la mejor película de habla extranjera”, la pulieron y la cosmopolitanizaron (si es que ese verbo existe, que me temo que no) y la llevaron a obtener un reconocimiento internacional, de forma que ahora se escucha con mayor asiduidad en las salas de conciertos.

O sea que ahora que la guitarra ha llegado a palacio, ha desaparecido de la calle. No sé yo si tendrá que ver…

Andrea VettorettiPara terminar, empotro más abajo (lástima que el sonido sea deficiente) un video de Andrea Vettoretti, solista del concierto del otro día. No soy un experto, pero me pareció un gran guitarrista, pelín frío, con muy buen gusto para seleccionar un programa que me descubrió varias tesoros. Os dejo con dos de ellos:

  • el Nokia Tune está basado en el Gran Vals de Francisco Tárrega, guitarrista y compositor valenciano (Villarreal) del siglo XIX, que se venera por estos lares (más info aquí y escucha la música aquí)
  • el video con la Gran Jota, también de Tárrega: un ejercicio realmente complicado. Precioso.
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