Ligar en el trabajo, cuando el trabajo es la ópera

28 02 2010

smetana-prodana_nevestaPor lo general salgo bastante tarde de trabajar. Hay días en que no me apetece hacerme nada para cenar y bajo al bar a pedirme un bocadillo. Los hacen muy buenos, porque el pan, que es lo importante en un bocadillo, está crujiente por fuera y esponjoso por dentro.

El otro día, cuando entré en el bar, me encontré con una escena que me llamó la atención. Los únicos clientes eran una pareja que, sentados en la mesa de la entrada, se estaban comiendo la boca como si se acabara el mundo. Un beso realmente sensual, entre dulce y apasionado. La pareja era muy peculiar. Él era muy poquita cosa, delgadito y bajito y llevaba una melena a lo Camilo Sesto, muy pasada de moda. Ella era una real hembra, bien formada con unas curvas rotundas, pero nadie podría llamarla gorda, ni mucho menos. Rubia, de labios carnosos, era propietaria de una nariz muy personal, que le arruinaba cualquier aspiración de perfección. Era una nariz como las que se pueden ver en esos antiguos perfiles etruscos.

Por varias razones, supuse que esa noche era la primera vez que se enrollaban. Se daban unos besos largos, sin prisas, como descubriéndose. Estaban sentados en una mesa, pero relativamente lejos el uno del otro. Tenían que acercarse forzando sus torsos y sus cuellos de una forma incómoda y exagerada. Es como si aquello les hubiera sobrevenido en aquel momento, como si les hubiera pillado por sorpresa. Por último, en los escasos comentarios que les oí entre beso y beso, me pareció que hacían referencia a alguien que ambos conocían. Una vez sumados todos estos elementos, el Sherlock Holmes y la Corín Tellado que llevo dentro, me hicieron deducir que se trataba de unos compañeros de trabajo, que esa misma tarde se habían liado por primera vez.

El camarero de la barra me pasó el paquete con el bocadillo, me cobró y me subí a casa. Escena olvidada… hasta ayer.

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Martin Scorsese y el Colegio Alemán

21 02 2010

Cartel de Shutter IslandÚltimamente he vuelto al cine. Durante muchos años iba casi todas las semanas. Cuando alguien me comentaba “yo no voy al cine casi nunca”, me quedaba perplejo, porque era incapaz de imaginar que a alguien pudiera no interesarle. Sin embargo, en los últimos dos años dejé de ir de forma asidua. Creo que me cambiaron los gustos: el tipo de películas que antes me resultaban interesantes, ahora me parecían un tostón. Pero por suerte, en los últimos meses he vuelto a ir de forma más continuada. Creo que con el cine pasa algo similar a la lectura. Cuando acabas un libro que te gusta, enseguida quieres empezar otro, mientras que si un libro te aburre y acabas por dejarlo a medias, tardas más en volver a coger otro.

Hoy he visto “Shutter Island“, de Martin Scorsese. Desde luego ha hecho cosas mucho mejores y personalmente creo que se trata de una de esas “películas alimenticias” con las que hasta los más grandes pagan las hipotecas de sus lujosas mansiones. De todos modos, la película está, como siempre con Scorsese, muy bien hecha y la trama es interesante. Además Scorsese nos regala con claros homenajes a las películas de Hitchcock. Paralelismos con Vértigo (los sueños, las visiones, los traumas, la escalera de caracol, la torre); con “Con la muerte en los talones”, porque nunca se está seguro de quién es quién y por esos primeros planos del protagonista en plena acción (cuando lo habitual en esos momentos es un plano más general) y por esas transparencias a las que Hitchcock era tan aficionado y que ayudan a darle ese aire “retro” a la película. Di Caprio no es Cary Grant, pero no me disgusta en el papel de ese atormentado personaje.

Una de las ramas del argumento tiene que ver (y ya van dos semanas consecutivas) con el nazismo. En este caso, con los experimentos con “finalidad clínica” que llevaban a cabo los médicos nazis con prisioneros. Aparece en la película la liberación del campo de Dachau por soldados norteamericanos y la masacre que cometieron entre los soldados nazis.

Estas referencias me han hecho recordar mi visita a ese funesto lugar.

> Mis recuerdos de Dachau





Youtube: no al sexo, sí al nazismo

15 02 2010

La cinta blancaHoy he visto “La cinta blanca” (“Das weisse Band”) de Michael Haneke, autor cuyas películas tienen la persistencia de los buenos vinos. Miedo, terror, desconcierto, tensión, sorpresa, son términos que me asaltan cuando recuerdo cualquiera de sus películas, como “Funny Games“, “La pianista” o “Caché“. Sentimientos alegres y positivos, ninguno, pero para eso ya está Frank Capra, ¿no?

La película trata de unos misteriosos acontecimientos en un pueblo de la Europa central (supongo que en algún lugar del antiguo imperio austro-húngaro), que finalmente quedan en gran medida sin respuesta. Obviamente la intención de Haneke no es filmar un thriller a lo Agatha Christie. Lo de menos es quién comete los crímenes. Su idea es plantear el clima social y moral que se vivía en esa zona de Europa, justo antes de la Primera Guerra Mundial. No es gratuito que la película acabe con la noticia del atentado al Archiduque de Austria en Sarajevo.

> Sigue leyendo sobre cine, nazismo y sexo (suena fuerte ¿eh?)