Youtube: no al sexo, sí al nazismo

15 02 2010

La cinta blancaHoy he visto “La cinta blanca” (“Das weisse Band”) de Michael Haneke, autor cuyas películas tienen la persistencia de los buenos vinos. Miedo, terror, desconcierto, tensión, sorpresa, son términos que me asaltan cuando recuerdo cualquiera de sus películas, como “Funny Games“, “La pianista” o “Caché“. Sentimientos alegres y positivos, ninguno, pero para eso ya está Frank Capra, ¿no?

La película trata de unos misteriosos acontecimientos en un pueblo de la Europa central (supongo que en algún lugar del antiguo imperio austro-húngaro), que finalmente quedan en gran medida sin respuesta. Obviamente la intención de Haneke no es filmar un thriller a lo Agatha Christie. Lo de menos es quién comete los crímenes. Su idea es plantear el clima social y moral que se vivía en esa zona de Europa, justo antes de la Primera Guerra Mundial. No es gratuito que la película acabe con la noticia del atentado al Archiduque de Austria en Sarajevo.

La película está rodada en blanco y negro, o, mejor dicho, en diferentes tonalidades de grises. No hay claroscuros rotundos, sino manchas grises o blancos sucios, sugiriendo la idea de mediocridad, de masa ignorante y sin voluntad ni iniciativa. No sé si era la intención de Haneke, pero yo me quedo con la idea de que Europa se sumió en la Gran Guerra porque la gente simplemente no se opuso y hasta debió ver en la guerra la solución a muchos de sus problemas.

Como un buen libro, “La cinta blanca” ha arrastrado mis pensamientos hacia otros lugares, donde me he reecontrado con una película que trata de forma protagonista la génesis de la Segunda Guerra Mundial: “Cabaret”. Y más concretamente la escena de la canción del chico en el parque. Esta escena me parece una de las mejor rodadas en la historia del cine. Contiene una metáfora que explica perfectamente cómo es posible que algo tan perverso como el nazismo acabara siendo apoyado por la mayoría de los alemanes de forma natural, voluntaria y, en muchos casos, entusiasta.

Lo que tenemos al principio de la escena es un adorable chico rubio, que empieza a cantar con voz dulce algo que bien podría parecer una canción de cuna. Todos los presentes antienden con arrobo. Pero pronto la cámara abre el plano y se reconoce el uniforme de las Juventudes Hitlerianas del joven. La letra de la canción empieza a hablar de triunfos victoriosos y la canción de cuna se convierte en una marcha militar, mientras la voz del cantante se endurece, como si de pronto hubiera madurado 10 años. Algunos, subyugados por esta potente estética y una ética de referencias míticas, se suman a la canción que ya es un himno que promete glorias cercanas. Si antes el “Tomorrow belongs to me” era un mensaje de esperanza, ahora es una agresiva demanda generalizada que avisa de que “el mañana nos pertenece y lo tomaremos a la fuerza si es necesario”. Son sólo los más mayores los que se rascan la cabeza y se preguntan “¿dónde he visto yo esto antes?”.

Si el nazismo nos demostró que el Hombre es capaz de las mayores aberraciones contra sus propios congéneres, la realidad, contumaz, nos demuestra que siempre habrá alguien que justifique con los argumentos más peregrinos cualquier acción por abyecta que sea. Lo digo, porque buscando el video de esta escena, me he encontrado en Youtube, a un sólo clic de distancia, videos que ensalzan el nazismo sin ningún tipo de complejo. Lo más sorprendente es que, por lo visto, Youtube los tolera, mientras que elimina con máximo celo cualquier video que muestre aunque sólo sea un pezón (femenino, claro). Intentad buscar por “sexo” o “porno” en Youtube y os saldrán videos de lo más inocente. Buscad por “nazismo” y os aparecerán videos directamente apologéticos. Aquí tenéis dos pantallazos en los que se ven videos de ensalzamiento del nazismo y el fascismo. Hay miles más, muchos de ellos, españoles.

Yo, que estudié en el Colegio Alemán, fui conocedor del estigma que la sociedad alemana ha llevado (y sigue llevando) por ese tenebroso pasado. Pero ahora el problema no está tanto en Alemania; el problema puede surgir en cualquier sitio. Igual que el nazismo tuvo su nacimiento en Alemania, cualquier otra parte del mundo, incluida España, podría ser el nuevo “Valle del Rift” en el que evolucionara un nuevo “Homo fascista”.

Tendremos que estar vigilantes e impedir que el niño vuelva a salir a cantar en el parque.

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