De qué hablo (yo) cuando hablo de correr

19 08 2010

Portada De qué hablo cuando hablo de correrEl título de esta entrada está tomado prestado de la última obra traducida de uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami. Resulta que, además de inventor de grandes historias, Murakami es un experimentado corredor de fondo, incluso de ultrafondo, habiendo participado en una carrera de 100 kilómetros. Ha escrito un libro sobre su afición, trufada de reflexiones y opiniones, tanto sobre el hecho de correr, como sobre el de escribir. No deja de sorprenderme la imaginación de este hombre. A mí, cuando salgo a correr, es que se me pone la mente en blanco. A él se le ocurren obras maratonianas y yo sólo puedo pensar en poner un pie detrás de otro.

Al menos hoy he aprendido algo importante que puede determinar mi futuro en este deporte: si convierto mi atlética zancada en un “trote cochinero”, puedo recorrer muchos más kilómetros.  ¿Qué prefiero: correr sin parar como un veterano árbitro de fútbol o brincar por la pista como un corcel, pero corcel asmático, que se agota al poco de empezar? Una compleja disyuntiva para un deportista esteta como yo.

Siempre hago el mismo recorrido. Salgo de casa, paso por delante del Palau de les Arts, bajo al río, llego hasta el Puente del Real y ahi doy la vuelta para recorrer el camino inverso. En total no creo que llegue a los 5 kilómetros.

El caso es que a la altura del Palau de la Música ha aparecido en el recorrido una chica. La corredora era una princesa. Los segundos que he pasado a su altura me han hecho sentirme como si fuera el portador de la antorcha olímpica. Era de piel blanca, que había adquirido este verano una preciosa tonalidad trigueña, pero ese moreno joven, tan agradable; no el requemado que vemos ahora a menudo en pleno mes de diciembre. De constitución espigada y ligera, hacía gala de unas piernas largas y bien torneadas, tan finamente acabadas que en lugar de zapatillas de deporte parecía que llevara sandalias de Jimmy Choo. Creo que su pelo, de un color natural entre cobrizo y dorado, era ondulado, pero no estoy seguro porque lo llevaba recogido en una graciosa coleta que danzaba al mismo ritmo que su trasero. Corría un poco más rápido que yo y me ha parecido que tener una liebre como ésa era todo un lujo, así que he decidido seguirla.

Pero esto ha durado poco. Ella ha pensado que no quería llevar público y ha utilizado la temida y anárquica táctica africana de correr a tirones. Tan pronto apretaba el paso, como lo ralentizaba sin razón aparente. En fin, al tercer tirón, me ha roto mi ritmo de diésel y he tirado la toalla. Cuando iba a decirle “Oye, que si no quieres que te siga mirando el culete, me lo dices y paro, pero no hace falta que me hagas sacar el hígado por la boca…”, la respiración entrecortada me lo ha impedido.

En fin, ya sé lo que sienten esos corpulentos centroeuropeos en los campeonatos del mundo de atletismo cuando compiten contra esos fenómenos del altiplano keniata, acostumbrados a ir al colegio corriendo delante de los leones.

Cuando he llegado a casa, me he pesado en la báscula y no había bajado ni un gramo de peso. Se sabe que en un proceso de exigencia física, por ejemplo, una carrera de fondo, el cuerpo empieza a quemar los carbohidratos de que dispone. Poco a poco estos hidratos se van consumiendo hasta que llega un momento en que se agotan. En ese momento, el cuerpo debe cambiar de alimento y pasar a consumir grasas. Sólo a partir de entonces es cuando realmente empezamos a adelgazar. Bueno, pues yo nunca llego a ese momento. Quiero decir que yo salgo a correr, pero no veo que tenga ningún efecto sobre mi masa (o volumen) corporal. Mi teoría es que cuando acabo de quemar los hidratos de carbono de hoy mi cuerpo empieza a pedir prestados los que me comeré cuando llegue a casa. Y así las grasas siempre permanecen en mi obstinado metabolismo.

No sé si algún día me convertiré en un atlético escritor o en un imaginativo corredor de fondo, pero de lo que estoy seguro es que mañana, a la misma hora, voy a pasar corriendo por el Palau de la Música.

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2 responses

5 11 2010
jacintoela

Gran post.Me ha ido muy bien descubrirte porque he tenido ese libro en las manos y estuve a punto de llevarmelo.Me llamo la atención el titulo porque cuando uno corre es como cuando te estas duchando, se te ocurren cosas que olvidas al acabar.
Parece que tiene buena pinta el libro y el blog.
SALUDOS!

6 11 2010
Dr Feelgood

Muchas gracias, jacintoela!
Me encanta esa literatura onírica y surrealista de Murakami, pero todavía no he comprado el libro porque no lo he encontrado en inglés. Lo leo en inglés, porque él hace sus propias traducciones a ese idioma.
Ciao!

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