Andrés Iniesta: una leyenda para la leyenda

22 07 2010

El golHoy es el día. Un día que ni siquiera llegaste a soñar cuando, de pequeño, en el pueblo, te quedabas dormido con el bocadillo en la mano, después de pasarte toda la tarde jugando con los amigos. Porque tus sueños siempre eran modestos. En ellos sólo pedías jugar al fútbol. Ése fue tu gran sueño. Y lo cumpliste.

Sí, esta noche es el día. Pero aún queda un rato. Tienes el teléfono colapsado: la familia, la novia, los amigos. La prensa te acosa; la gente te agasaja; los compañeros merodean inquietos y tú, tranquilo. Acabas de comer y te acercas por la mesa del míster, que te dice:
– Te veo tranquilo.
– Bueno…
Pero tú has pasado para pedirle uno de esos rotuladores azules que utiliza para la pizarra de la táctica. Subes a la habitación. Tu compañero no para de hablar, nervioso. No sabe si va a jugar. Te dice:
– Madre mía, si juego y marco un gol, me vuelvo loco. Es que no sé qué voy a hacer. ¿Tú que harías?
– No sé.
Sonríes con uno de esos rictus que le hacen pensar a la gente que no eres un tipo alegre. Y lo que pasa es que no te gusta molestar a los que no son felices como tú. Porque la alegría es exhibicionista y tú sólo quieres pasar desapercibido.

> Aunque ya sabes cómo acaba, sigue leyendo sobre la leyenda

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